Carúpano: Palabras de introducción de Dos Izquierdas
Grupo de Tarea - 04-11-2005 20:24:26 | Categoria: General
Carúpano: Palabras de introducción de Dos IzquierdasSiguen las palabras con que Silvio Orta se refirió a Teodoro Petkoff en la presentación de su libro "Dos izquierdas" realizado el viernes 4 en Carúpano.
Amigos y amigas de un Carúpano
que anhela volver a mirar el mundo
y que el mundo lo mire y admire:
En ese algo de intimidad que establece la asistencia común a la presentación de un libro, permítanme comenzar con una referencia íntima.
En 1955, poco antes del 9 de diciembre en que me afilié a la Juventud Comunista, leí en Buenos Aires el discurso que Rómulo Gallegos, exiliado en Méjico, pronunciara el año anterior en el Congreso por la Libertad de la Cultura.
Se me metió tanto desde sus frases iniciales que lo hice mío y mucho las repetí –plagiariamente-- en aquellos días de romanticismo revolucionario. ¡Cuántos aplausos a cuenta de Gallegos!
Aún las recuerdo. Su primer párrafo finalizaba así:
... si hoy no estuviera aquí, no sería consecuente “con la actitud reiteradamente asumida por mí, al exigir a la intelectualidad de nuestros pueblos acto de presencia responsable en los momentos críticos de la vida de ellos”.
Salvando las distancias, y con respeto –por eso y para no desperdigarme decidí escribir lo que diría–... diré que quise estar aquí, incluso que me empeñé en estar aquí, presentando al autor de Dos izquierdas, pues, aunque distintos, también éstos de ahora son tiempos críticos, y nuestro deber ciudadano reclama el acto de presencia responsable.
Gracias, pues, a los amigos y amigas del carupanero Proyecto Consenso Nacional por acogerme en su naciente tribuna de plural reflexión, la que bien se inaugura con Teodoro Petkoff, un ser incesante en su invitación a reflexionar para hacer, y a reflexionar tras el hacer...
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Por cierto, que Teodoro ha revelado reiteradamente la fuerte impresión que le causara en su adolescencia y asimismo en cada otra relectura –muchas paradójicamente abrigadas por los tantos carcelazos y las tantas conchas– un personaje creado por Gallegos. Se trata del doctor y general Juan Crisóstomo Payara, habitante de las páginas magníficas de Cantaclaro. Y si de presentar a Teodoro se trata –como es mi grata tarea--, vale la pena detenerse aquí.
Porque presentarlo es presentar a un político que ejerce la política con la significación plena y noble del oficio y el concepto. Es responder a la pregunta: ¿qué es un político? Y resulta que el trabajo, en este caso, está del todo hecho.., de modo que –bien medido– me vine a ganar fácilmente los reales, presentando a quien con el coraje que le es propio se ha presentado del modo franco que acostumbra.
Recuerda nuestro amigo en unas reflexiones de 1997, tituladas “Por qué hago lo que hago”, que hasta Juan Crisóstomo Payara se allegó un día Juan Parao (¿recuerdan? El del caballo jerrao / con el casquillo al revés) requiriéndole el retorno a la lucha política. El doctor y general le respondió que no, que ya la experiencia está hecha.
Teodoro advierte en Payara algo similar a lo que un filósofo alemán llamó “la izquierda melancólica”, esa de cuya posición de permanencia y alejamiento (permanencia en la idea, alejamiento de la acción) es de la que más alejado se siente, más aún que de la conservadora “izquierda borbónica”.
¿Por qué? Porque para nuestro amigo, “La política, cualquiera sea su contenido, es una forma de actuar que se desarrolla en un medio humano, entre miembros de la sociedad a la cual se pertenece”, y por ello “una persona que se separe de sus semejantes, que no busque con su acción influir en la marcha de la sociedad, no es un político”.
Sus libros obedecen a esa condición de político, por supuesto no el adocenado y corrompido, sino del que como un biólogo de su microscopio, requiere de la palabra escrita para la comprensión del mundo y de sí mismo.
Y obedecen igualmente a su conciencia de ciudadano, aquel para quien la política no es oprobio, sino sustancia de su ser cívico; aquel para quien lo político debe rescatarse y debe rescatarlo.
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Sobrepasé ya la cantidad de palabras con las que Teodoro cose y coce, es decir hila y cocina delicados y complejos asuntos en sus editoriales de Tal Cual. Otro rasgo suyo. Ha triunfado en su batallar –del cual muchos tratamos de aprender pero casi siempre salimos raspados en el examen— contra la verborrea. No sólo porque ella revela al político anacrónico, sino asimismo al politiquero engañador, al que no siente lástima alguna por los oídos del pueblo al que aturde mientras dice ilustrarlo.
Todavía hay profesores y letrados que recurren a Azorín para ilustrar la concisión. No es cuestión de dejar a un lado al maestro alicantino, pero bien que podríamos ejemplificar con los ensayos de Petkoff.
La concisión, la brevedad en el estilo, forma parte de su estilo político, como forma parte de su estilo de vida habitar el reino democrático de la inconformidad, respirar el aire de la puesta en duda de las verdades reveladas, nadar en las aguas del océano incesante de los por qué.
Le viene de sus padres –ha contado–. De su madre médica e insaciable lectora, y de su padre, el que fuera joven comunista búlgaro y le reveló con paternal pedagogía la inconsistencia cromosómica del estalinismo, a tiempo que le proponía averiguar cuanto en el mundo socialista y en el opuesto presentaba visos de inconsistencia o manipulación.
Y por allí termino. Pues por allí va el camino de la idea que subyacente o abierta animó y anima la reflexión del autor de Dos izquierdas. Una que –debo decirlo a fuer de sincero– la creo semejante a la que en incesante oleaje batía en el alma y la mente de un sucrense por mí querido, disfrutado y estudiado, Andrés Eloy, Andrés Eloy Blanco.
Teodoro la soba y la amasa y la hace sangre y hueso de su sangre y de sus huesos, cuando se le revela ya plena, indubitable, en el examen de la invasión soviética a Checoeslovaquia en 1968. Es la respuesta a por qué falló el llamado socialismo real. La reitera en Dos izquierdas. Por ejemplo, en la página 30:
“las transformaciones en la sociedad pasan por el desarrollo económico con equidad y por el fortalecimiento y profundización de la democracia”.
Desarrollo con equidad. Profundización de la democracia. Dos modos que son uno solo cuando se quiere sentir la frescura que una súbita brisa llevó al rostro del prisionero que una noche de 1963 descendía por una cuerda de alpinista desde el séptimo piso en su fuga del Hospital Militar:
"Aquella frescura es la libertad: Una brisa que te bate la cara”.
Los dejo con mi sabio y valiente amigo, y no sobran los adjetivos, aunque Teodoro no gusta de oírlos, pues por sabio y valiente espera de todos nosotros no la adulante aquiescencia que detesta, pues muy cerca de ella se contorsiona la tétrica danza del culto a la personalidad, sino la lectura crítica y el severo análisis de sus propuestas. Nos lo agradecerá y se lo agradecemos.
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Carúpano, 4 de noviembre de 2005
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